Uribestias hackearon grupo de Facebook de ‘Uribestiario’

Juan Gómez, creador de este blog, informa a sus asiduos visitantes que:

1. El grupo facebook “uribestiario: diario del ocaso fascista”, fue hackeado y aparece ahora administrado por un perfil falso, bajo el nombre de ‘Sandrita Linda Martínez’. Hasta unos  días  antes era administrado por César Kotrino, quien afirma que se trató  de un ataque.

2. El perfil de ‘Sandrita Linda Martínez’ así como el grupo hackeado han sido reportados a facebook y se espera que en los próximos días sean clausurados.

3. Por medio de ese grupo se envió un mensaje, el cual es posteado aquí a  beneficio de inventario. Contrario a lo que crean algunos despistados, no me molestaré en desvirtuar tal sarta de mentiras. Las personas que han estado todo el tiempo con el sitio, saben de sobra que tales afirmaciones son injuriosas y difamatorias.

4. “Uribestiario”, en suma, es el personaje creado por el suscrito, periodista y escritor, cuya identidad se mantendrá para siempre en secreto, por razones de seguridad. Sin embargo, los servicios de inteligencia (que hacen seguimiento de inteligencia pormenorizado a mis actividades) y algunas destacadas personalidades de la oposición  colombiana  (que se han solidarizado con esta tribuna) conocen plenamente mi identidad.

5. Como criterio político, me siento identificado con el pensamiento de oposición al parauribismo. Por tanto NO participaría jamás en política con movimientos o partidos políticos, ni afines al parauribismo ni al narcotráfico, como Cambio Radical, La U, ADN (Asociación de Delincuentes  Narcoparamilitares), PIN (Partido  Indecente  Narcoparamilitar), y mucho menos con el sector parauribista godorreista. Por el contrario, simpatizo con las ideas progresistas de algunos sectores liberales y del Polo Democrático, quienes en los próximos días tendrán la debida difusión de sus campañas en este espacio.

6. Agradezco a todos por su colaboración, y por cualquier información que conduzca a la plena identificación de los autores de este nuevo ataque en contra de la libertad de expresión en Colombia.

Uno de los grupos facebook de "Uribestiario" fue hacekado por uribestias inescrupulosas (valga la redundancia).

Orgullo patrio

Hay una razón clara que explica la animadversión que los colombianos sentimos hacia los argentinos. Y esa es una sola: porque se creen la última maravilla del mundo. Lo que realmente complementa ese infantil odio es la envidia. Porque según los colombianos, somos nosotros y no ellos, lo mejor del mundo. De eso da fe, esa miserable manía de buscar argumentos e intrascendencias, para no sentirnos peor de lo que ya estamos de por sí.

Hace un año, el gobierno y sus áulicos, celebraban voz en cuello haber sido catalogados como el país “más feliz del mundo”. Qué tal valiente pendejada. Este año, cuando los sondeos de Happy Planet Index, dejan a Colombia en el sexto puesto, y el World Database on Happiness, dice que estamos en el 11, ahí si nadie sale a decir que los colombianos cada día estamos siendo más infelices.

No hay duda de que algunos argentinos son pedantes (ojo, no todos). Pero quizás es porque tienen mucho de qué estar orgullosos. Han sido campeones en dos ocasiones del Mundial de fútbol y hasta inventaron los dibujos animados. Y no solo eso, también han sobrevivido a una de las peores dictaduras militares del mundo y de repecho han sido capaces de establecer la verdad como uno de los patrones sagrados de su devenir democrática. No les ha temblado la mano para pedir la extradición a asesinos de opositores, a los responsables de los “vuelos de la muerte”. En 1997, mataron a José Luis Cabezas, y una multitud salió a protestar por el hecho. Hoy en día, en el país austral, a la distancia de más de 12 años sigue oyéndose la voz: “No olvidemos a Cabezas”.  Aquí, en Colombia, no falta el inmoral ignorante que dice que las víctimas de los crímenes de Estado apodados ‘Falsos Positivos’ eran “desechables” o “milicianos”, o el que afirma que si mataron a un periodista, por ejemplo, “fue por algo”.

En Colombia, no hemos salido del “cinco a cero”. La violencia y la impunidad campean por doquier. El año pasado fueron asesinados 7 periodistas, y ningún gremio salió a decir esta boca es mía. La SIP calló, el CPB, y demás “gremios” prefirieron ensalzar a los lamezuelas del régimen como si fueran “destacados profesionales”.

Quizás no hay nada que exprese nuestra colombianidad como una falta casi absoluta de autocrítica. Esta semana se dio a conocer el último informe de Human Right Watch según el cual, la situación humanitaria en el país sigue en saldo rojo, prueba de ello son las amenazas a la madres y familiares de los mal llamados ‘falsos positivos’, la continuación de ese tipo de actos execrables de desprecio por la vida, el acoso a la Corte Suprema e Justicia, y el auge de los grupos paramilitares, entre otros.

Pese a esta realidad, no faltaron quienes volvieron a revolver el orgullo patrio, por nimiedades como el hecho de que el colombiano Alejandro Falla hubiera eliminado en primera ronda al suizo Robin Söderling, clasificado como 8º en el escalafón de la ATP, “Es como si  en un mundial, Colombia hubiera eliminado a Holanda en primera ronda”, le escuchaba a un periodista “de primera línea”. Já. Uno no sabe si reirse o llorar de tanta estupidez.

O, lo que es peor, sacamos pecho “orgullosamente” colombiano, porque unos rescatistas colombianos dieron con la sobreviviente más joven en el desastre de Haití. Qué falta de humildad. Nos pasa que borramos con el codo lo que con tanto esfuerzo alcanzamos con las uñas. No somos magnánimos, desgraciadamente carecemos de ese tipo de nobleza. No nos alegramos por una vida que se salvó, la opinión se enaltece solo porque se trató de un grupo de “colombianos”. Yo pregunto, ¿es posible alegrarse de una manera tan vana, en medio de tanta tragedia? Personalmente creo que esa actitud no es sana.

Todos estos hechos hacen parte de este circo al que nos tiene sometida una agenda informativa, ahogada por escándalos y hechos, como para ponerse a llorar, y que es matizada con una serie de informaciones variopintas y dulzonas, que quieren hacernos creer que vivimos en el mejor de los mundos. Pero la verdad es otra, la que todos conocemos. La Mafia de Nari quiere perpetuarse, y parece no haber poder humano ni divino para contrarrestar semejante podredumbre.