Por EDUARDO VARGAS MONTENEGRO
¿Formación democrática?
Como la campaña presidencial no ha empezado, salvo la de Uribe que lleva 7 años en ello, no hemos escuchado nada interesante, nada nuevo. Por el contrario, los lugares comunes, los qué en un país sobrediagnosticado, sin cómo que nos permitan diferenciar las opciones de derecha o de izquierda, menos de centro. Es el mismo discurso, la muerte de la política, la escasez de ideas. La politiquería sí crece, como la espuma, como las bolas de nieve que arrasan a su paso todo lo que encuentran. Ese parece ser el triste destino de este remedo de democracia que tenemos en Colombia, de la que tanto nos ufanamos pero que de nada o poco sirve a los electores, salvo los 15 mil pesos del voto, el electrodoméstico barato e incluso el tamal mañanero el día de las elecciones. Ni qué decir de los micro-micro-micro aportes de cada consejo comunitario. Muy poca cosa. Esa es la democracia más antigua de América Latina, vaya consuelo.
Si de veras quisiéramos que la democracia se fortaleciera sería imprescindible trabajar por el rescate del sujeto. Y no sólo el sujeto político, sino el sujeto en todas sus dimensiones. Si hay algún derecho fundamental es a la integralidad de los seres humanos, tímidamente mencionada, poco defendida y aún menos ejercida. Una pseudo-democracia como la nuestra fragmenta al ser humano. Y esto, que también es atrozmente literal, se da desde el modelo educativo. Nuestra educación en democracia termina siendo una formación para el sometimiento. Formación es una palabra que termina por desconocer al sujeto. Dar forma a algo, adiestrar, dice el Diccionario de la Real Academia; ¿dar forma con relación a qué, a quién? Siempre a un otro externo, a un deber ser, impuesto desde afuera. Y esa es nuestra educación, “formadora”; mejor, deformadora del sujeto. Esto, que ocurre en todos los planos de la existencia, se evidencia patéticamente en la política: masas adiestradas, amaestradas por encuestas, discursos populacheros, que uniformizan.
Sí, nuestra sociedad está uniformada. No hay nada peor para una democracia que poner uniformes a los electores. La gente se los deja poner, pues para eso ha sido formada. Uniformes de colores atractivos pero en el fondo, vacíos. Esta pseudo-democracia que padecemos ha formado a los ciudadanos para entregar su poder, para cambiarlo por nada. Formar mata al sujeto. Necesitamos una verdadera educación para la democracia, en la que el sujeto se constituya desde su individualidad. Gran peligro para la política tradicional, algo imposible.
Tomado de El Nuevo Siglo