Colombia a punto de concluir negocio por acceso a bases
BOGOTA, 15 de Julio de 2009 (Fotos Wikimedia) – Los Estados Unidos y Colombia están a punto de cerrar un acuerdo sobre la ampliación de la presencia militar estadounidense en esta nación desgarrada por el conflicto, potencialmente afincando a cientos de estadounidenses en el valle central para brindarle apoyo a las misiones de interceptación de drogas de la Fuerza Aérea
Ambas partes dicen que esperan una quinta ronda de negociaciones prevista para finales de este mes en Bogotá que concertará un negocio de 10 años de alquiler. Dos de los ministros colombianos pasaron a responder a las preguntas acerca de las conversaciones en una audiencia pública a raíz de las denuncias surgidas el miércoles por el secreto que rodea a las negociaciones.
Los opositores temen que la ampliación del papel militar de EE.UU. en la primera nación productora de cocaína del mundo, podría rechazarse por los vecinos izquierdistas de Colombia e involucraría más profundamente a Washington en el complicado y largo conflicto de Colombia con los rebeldes de izquierda y los paramilitares de derecha.
Los detalles de las negociaciones se mantienen secretos y los funcionarios estadounidenses se abstuvieron de comentar fuera de confirmar la próxima ronda de conversaciones.
Sin embargo, los altos militares colombianos y funcionarios civiles familiarizados con las negociaciones dijeron a The Associated Press que la idea es hacer de Colombia un centro regional de operaciones del Pentágono aunque sin sobrepasar un límite de 1.400 militares estadounidenses y personal de contratistas nombrados por el Congreso de los EE.UU.

Crecen bases militares de EU.
Los funcionarios colombianos, quienes hablaron bajo condición de anonimato debido a las negociaciones en curso, dijeron que el acuerdo tentativo especifica “visitas” más frecuentes de aviones y buques de guerra a tres bases aéreas, así como dos bases navales – en la bahía de Málaga, en el Pacífico y Cartagena en el Caribe. Colombia también podría obtener un trato preferencial para la compra de armas y aviones.
El elemento central de las conversaciones es la base aérea de Palanquero en Puerto Salgar, en el río Magdalena, 100 kilómetros (60 millas) al noroeste de Bogotá.
Las misiones de interceptación que asumirían los EE.UU. – la identificación de buques y aviones sospechosos a fin de que el Guardacostas y la Armada puedan interceptarlos y buscar drogas – habían estado despegando de Manta, Ecuador, en el Océano Pacífico.
Cerca de 220 estadounidenses compartían espacio en el aeropuerto internacional de Manta, pero sólo se permitía un máximo de ocho aviones a la vez.

E3 centinela AWACS (airborne warning and control system)
Se acreditó a los aviones de vigilancia E-3 AWACS y P-3 Orión de haber interceptado aproximadamente el 60 por ciento del tráfico de drogas en el Pacífico oriental. Pero la misión estadounidense se cerrará esta semana dado que el Presidente Rafael Correa se negó a renovar su contrato de alquiler, denominando su presencia una violación de la soberanía de Ecuador.
Palanquero estuvo fuera del alcance de las operaciones militares norteamericanas hasta abril de 2008, después de una sanción en materia de derechos humanos: Un helicóptero militar de Colombia que despegó de la base había matado a 17 civiles en un bombardeo en 1998, en una ciudad del norte que fuera encubierto inicialmente.
Un proyecto de ley aprobado por la Cámara de Estados Unidos y pendiente en el Senado, destinaría US$ 46 millones para la adecuación de Palanquero, que tiene una pista de 3.500 metros y dos grandes hangares y alberga al escuadrón de combate principal colombiano.
El dinero sería desembolsado 15 días después de que el acuerdo se firme, según un miembro clave del Congreso que habló en condición de anonimato puesto que no está autorizado para comentar públicamente sobre el asunto.
La Embajada de los EE.UU. se negó a comentar sobre las conversaciones, al igual que ministro de Defensa en cargo, el general Freddy Padilla. “Nada está acordado hasta que todo esté acordado”, le dijo a la AP.
Cuestionado recientemente acerca de las conversaciones, el embajador de los EE.UU. William Brownfield subrayó que Washington no adquiriría bases sino que obtendría un mayor acceso a las instalaciones de Colombia.
Robert Appin, portavoz del Comando Sur de EE.UU. dijo que el Pentágono no haría ningún comentario en el momento.
Sin embargo, una indicación de los objetivos del Pentágono puede hallarse en el documento del Comando de Movilidad Aérea de EE.UU. “Estrategia global en Ruta” que se presentó a principios de abril en un simposio en la Base de la Fuerza Aérea de Maxwell en Alabama. Más allá de la lucha contra los narcóticos, Palanquero podría convertirse en una ” ubicación de seguridad cooperativa ” desde la que “podrían efectuarse operaciones de movilidad”, según propone el documento.
En otras palabras, un posible punto de despegue de operaciones de las fuerzas expedicionarias.
“Casi la mitad del continente puede ser cubierto por un C-17 (de transporte militar) sin necesidad de reabastecimiento” desde Palanquero, dice el documento.

Avión C-17 Globemaster en acercamiento de aterrizaje
Rafael Pardo, ex ministro de Defensa y candidato a presidente en las elecciones de mayo de 2010, se ha quejado del secreto que rodea las negociaciones, y se preocupa por la alienación que pueda producir en otros países sudamericanos. La capacidad de interceptar los radares y las comunicaciones de las aeronaves de EE.UU. pueden extenderse mucho más allá de las fronteras de Colombia.
“Si se trata de lanzar vuelos de vigilancia sobre otras naciones entonces me parece que sería innecesaria la hostilidad por parte de Colombia hacia sus vecinos”, dijo Pardo, aunque uno de los funcionarios colombianos dijo que el acuerdo especificaría que los vuelos de EE.UU. no cruzarían las fronteras de Colombia sin el permiso de los países afectados.
No está claro qué otras restricciones se incorporarían en el acuerdo sobre las nuevas bases militares de EE.UU. las aeronaves, los buques de guerra o sobre las tropas. Situar a más estadounidenses sobre el terreno aumentaría el riesgo de bajas, aunque los rebeldes de izquierda de Colombia, principalmente financiados a través de tráfico de cocaína, no tienen antecedentes de atacar estadounidenses en el país.
Cerca de 600 civiles y personal de servicio y contratistas norteamericanos están ya trabajando en Colombia, de acuerdo con las cifras más recientes disponibles. Los consejeros están ligados a las divisiones del ejército de Colombia, tienen sus propias oficinas en la sede de las fuerzas armadas y han capacitado a miles de tropas de Colombia desde 2000.
En virtud de una ley de EE.UU., el número de empleados del Departamento de Defensa en Colombia no puede exceder 800, mientras que el número de contratistas militares no puede superar los 600.
Ese número no cambiaría en el marco del acuerdo tentativo, dijeron altos funcionarios colombianos. Y tampoco dijeron, que las tropas de los EE.UU. perderían su inmunidad al enjuiciamiento penal.
Mientras que la interdicción de drogas es el principal objetivo de EE.UU., algunos se preocupan que el traer más tropas estadounidenses haría que los EE.UU. tomaran partido en el conflicto que involucra a los militares colombianos, los rebeldes y las milicias privadas, por la tierra y la cocaína que ha llevado a decenas de miles de ejecuciones extrajudiciales de civiles a través de los años.
Los EE.UU. podrían presionar a Colombia a negociar una solución con los rebeldes de izquierda , dijo John Lindsay-Poland de la sede de “Reconciliación y Confraternidad‘ en EE.UU., sin embargo “este es un indicador de que los Estados Unidos van a apoyar un enfoque de carácter militar”.